LOS PILOTOS PLANEAN UN PLANTE A JAPÓN

Hiroshi Aoyama, con su solemnidad japonesa, se puso en pie ante el -excepcionalmente- concurrido auditorio de la Comisión de Seguridad. Quince pilotos de MotoGP lo miraron desde su escaño. No estaba Karel Abraham, único ausente a la gran reunión. "Yo sí voy", sentenció, en un inglés distorsionado, el japonés, sin buscar aprobación de sus compañeros de parrilla.

Hiro ya se negó a firmar durante el pasado gran premio, en Mugello, el manifiesto que pretendía un consenso para no acudir al Gran Premio de Japón que se celebrará el próximo 2 de octubre. Este viernes, lo rubricó con sus palabras, con la cabeza alta. Él no puede faltar al evento de casa. Por su nacionalidad y por no traicionar el orgullo de toda un país golpeado de forma virulenta por el terremoto y posterior fuga nuclear en la central de Fukushima.

El resto no tiene esas ataduras morales. "Son libres de hacer lo que quieran", les disculpa Carmelo Ezpeleta, consejero delegado de Dorna, cuya posición es de espectador en un conflicto político cuya resolución está en manos de los fabricantes japoneses, especialmente de Honda, propietaria del circuito de Motegi. "Serán ellos los que, en caso de que el informe nuclear encargado sea positivo, decidan si hay que ir o no", recalca Carmelo.

"Ellos -los pilotos- pretenden que yo no respete mi contrato con el circuito japonés para no tener que decir que no respetan el que ellos tienen con sus equipos. Pero si no hay ningún organismo oficial que nos diga que no se debe ir, el gran premio se hará, con los pilotos con los que cada fábrica decida correr, así que será un problema que ellos deban solucionar con sus equipos", añadió, sin titubear, Ezpeleta.

Dorna encargó hace algunas semanas un informe detallado a la agencia de protección medioambiental italiana Arpav para que examinaran sobre el terreno miles de muestras (alimentos, tierra, agua, supermercados, animales...) que aseguren que los niveles de radioactividad en el entorno de Motegi no suponen un riesgo para la salud de los integrantes de la caravana del Mundial. "Un informe que verbalmente será comunicado el 24 de julio y, oficialmente, el 31 de julio", revela el gestor del campeonato .

Desconfianza
Pero los propios pilotos, que exigieron ese estudio independiente, desconfían incluso de la veracidad de ese informe que ya están realizando los técnicos en Japón. Y durante la reunión de ayer, los 16 -menos Aoyama- tramaron un motín en caso de que se confirme el gran premio. Acordaron un plante unánime para no desplazarse hasta Motegi, en la prefectura de Tochigi, a unos 120 kilómetros de la contaminada central nuclear.

Un acuerdo que ninguno de los asistentes quiso desvelar a su salida del cónclave. "¿De Japón? No hemos hablado", se le escapó a Jorge Lorenzo, uno de los más activos en sus reticencias a realizar el viaje.

Marco Simoncelli, en cambio, confirmó que el asunto de Japón había salido a la palestra. "Pero nada importante", soltó para desviar la atención. Pero no pudieron despistar a nadie. Jamás antes habían concurrido 16 pilotos de MotoGP a una Comisión de Seguridad, habitualmente formada por tres, cuatro o cinco integrantes.

El italiano, según se pudo saber, propuso ante sus compañeros de parrilla, a instancias de Casey Stoner -presumiblemente enemigos en la pista desde hace ya tiempo- que si se cancelara el gran premio, todos los costes de los viajes que se ahorraran los equipos del Mundial se destinaran a ayudar para las zonas damnificadas por la catástrofe.

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