Se cumplen 20 años del primer triunfo de un español en la clase reina

  • Alex Crivillé lo consioguió en el circuito de Assen en 1992


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Assen. 27 de junio de 1992. Aún sin costuras en las muñecas, con el rostro aniñado y la sangre cociéndose encima del depósito de una Honda NSR500 vestida de Campsa, Álex Crivillé recibió dos bautismos. Uno, el de su primera victoria en la categoría reina, un coto vedado para los españoles; otro, en La Catedral, un territorio arcano, con el simbolismo de Wembley, de Le Mans, del Madison Square Garden, los grandes santuarios deportivos.
Aquel triunfo llegó en su temporada de estreno en 500. Condicionada en cierta medida por las lesiones de Rainey o Doohan —que se destrozó la pierna en aquel gran premio—, la victoria fue como un alumbramiento, afectando a distintas generaciones. Primero con Puig, Sete o Checa. Después, con Elías, Pedrosa o Lorenzo.
«Estaba en casa de mi abuela, con mis padres y mi tío. Fue bestial. Hizo un carrerón», recuerda Elías que entonces tenía siete años, «y llevaba poco más de un año que veía las carreras, los duelos de Sito y Garriga, Cardús, Kocinski… Mi ídolo entonces era Rainey y ese día Álex les pegó un palizón, fue una pasada». Ese día, Crivillé se batió al límite contra Barros, Kocinski y Garriga. «Yo ya empezaba a
" class="skwTip">soñar y estos momentos fueron todo para ser lo que somos ahora», subraya Toni.
Ángel Nieto, el hombre que más veces ha ganado en La Catedral, con 25 triunfos, era director de equipo entonces, en 250. Lo recuerda entre gestos grandilocuentes, con una mezcla entre admiración y el cariño de un amigo. «La primera victoria de Álex en Assen fue… bufff. Assen es Assen. Para mí sigue siendo un circuito con una historia de 70 años. La categoría de 500 era intocable para nosotros, aquella victoria marcó lo que ha venido después. Fue como el gol de Iniesta en el Mundial. Esa victoria no la olvidará en su vida. Y nosotros tampoco», se explaya el gran Nieto.
Sin recuerdos
Lorenzo no la vio en directo. Ni se acuerda. «La victoria de Álex yo no la recuerdo, creo que tenía cuatro o cinco años y aún no veía las carreras», explica. «Pero fue muy importante. Parecía que los españoles teníamos complejos. Eso nos los quitó, nos permitió llegar a categoría reina y saber que podíamos ganar, que los demás no eran extraterrestres. Parecía que las 500 sólo las podían dominar los americanos con su derrapaje y el dirt track», concluye.
Tampoco Pedrosa tiene memoria: «Era muy pequeño, empezaba a ir en moto. Aquella victoria nos hizo creer».

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